miércoles, 27 de enero de 2016

FALSIFICACIONES QUE HICIERON HISTORIA I

Los falsificadores, película basada en la Segunda Guerra Mundial premiada en el Festival de Berlín, la Espiga de Plata del Festival de Valladolid, y un Oscar a la mejor película de habla no inglesa


 EL DINERO COMO ARMA DE GUERRA

Si preguntamos por el inicio de la segunda guerra mundial, la mayoría de la gente dirá que comenzó con la invasión de Polonia por parte del ejército alemán, pero lo cierto es que éste fue el resultado inicial de una táctica urdida con la finalidad de ir un paso por delante de los aliados que no entrarían en guerra hasta 1939, después de la ocupación de los Sudetes y Austria, que tuvo lugar en 1938 con cierta permisividad de las potencias europeas.

De todo ello, se deduce que el ejército alemán a pesar de su discurso, era consciente de sus limitaciones y por ello tenía la intención de contar con el factor sorpresa más allá del campo de batalla, comprendiendo así la importancia del aspecto económico para el sostenimiento de la contienda.

Aunque al inicio de la guerra no fuera más que un pequeño esbozo en la mente de Heinrich Himmler y su subalterno Ernst Kaltenbrunner (favoritos del führer), la Operación Bernhard comenzó a materializarse en 1942, pues eran conscientes de que los alemanes no tenían capacidad para alargar la guerra mucho más, por ello, decidieron servirse una vez más del factor sorpresa haciendo frente a los gastos de la contienda a medida que saboteaban la economía de los aliados mediante la fabricación de dinero.

Tras nombrarse director de la trama al comandante Bernhard Krueger en 1942, a pesar de reunir un selecto grupo de peritos del Reichsbank y de la imprenta oficial del Reich, tuvieron que reclutar entre los prisioneros a los mejores impresores y al único falsificador profesional existente bajo la promesa de una vida más fácil que el resto de reos. Uno de los centros de producción más destacados fue el campo de Sachsenhausen.

El grueso de la producción de dinero falso se basó en la Libra Esterlina, cuya fabricación costò numerosas tentativas hasta que se dieron cuenta de que la materia prima del soporte provenía de las colonias, por este motivo utilizaron un algodón procedente de Turquía con el que fabricaban trapos de limpieza consiguiendo resultados satisfactorios. Resuelto el problema de la textura, espesor y opacidad del soporte, se dedicaron a trabajar en la impresión de la marca de agua y de cromatismos creando una serie de planchas perfectas para obtener la imitación óptima en 1943.

Una vez que estuvieron seguros de la vulnerabilidad de las autoridades monetarias europeas, pusieron en circulación las falsificaciones mediante el blanqueo y una red de ricos hombres de negocios que inundaron el mercado internacional a través de transacciones destinadas a surtir a espías en el exterior, adquirir provisiones para el ejército en países neutrales, pagar a colaboradores en naciones ocupadas, y a la postre, arruinar la economía de los aliados gracias a este flujo de dinero. Pues rápidamente desecharon la idea de arrojas las falsificaciones sobre Inglaterra para que la población hiciera uso de ellas y provocar la temida inflación.

Hay que destacar que la finalidad del dinero utilizado dependía en todo momento de las categorías preestablecidas según el grado de perfección de los billetes fabricados.

La producción falsa de la libra que oscilaba entre 132 y 135 millones, haría que la confianza de las entidades de todo el mundo en la libra se tambaleara, por lo tanto el banco británico diseñó nuevos billetes al tiempo que continuaban aceptando el dinero falso como verdadero para retirar los billetes antiguos paulatinamente. Aún así, parece ser que hasta hace relativamente poco algunas de estas falsificaciones han seguido circulando por el Reino Unido.

Como cuando llegó la hora de dedicarse a la fabricación del dólar, las condiciones habían empeorado debido a que trabajaban de forma presurosa y exhaustiva a causa del cerco trazado por los aliados y las tácticas dilatorias de los reos para mantenerse con vida, porque estaban convencidos de que morirían fusilados cuando finalizase su trabajo, al ejército alemán no le quedó otra opción que desmantelar rápidamente los lugares de trabajo para deshacerse de las pruebas.

Como hecho anecdótico queda el caso de Elyesa Bazna conocido como “Cicerone”, el espía mejor pagado con 300.000 Libras (en su mayoría falsas) que en 1954 denunció infructuosamente al gobierno federal por dicho engaño.

Por otro lado, desde el punto de vista británico, también caben destacar miles de falsificaciones de cartillas de racionamiento que éstos habían arrojado sobre las ciudades alemanas arrasadas por los bombardeos para quebrar la economía alemana.