martes, 22 de julio de 2014

El origen de la firma

Tras la lectura del manuscrito por parte del autor, el pergamino utilizado para su elaboración se extendía sobre la mesa del escribano (notario) para que los presentes pasasen la mano por encima en acto solemne de aceptación y juramento. Después de la ceremonia se plasmaba el nombre del autor, signo y una o tres cruces.

Con la llegada de los visigodos, el sistema jurídico centró su atención en la validación del documento a través de testigos que lo tocaban (chartam tangere), firmaban o suscribían (firmatio, roboratio,stipulatio).

Durante el reinado del Visigodo Eurico (420-484) se determina necesaria la formalización documental a través de la regularización de subscripciones, signos y comprobación de escritura. Porque la falta de firma y signo del firmante provocaría la inoperabilidad del mismo, pues para que el documento fuera veraz debería de completarse con el juramento de los testigos.

Concretamente la "subscriptio" representaba nombre y fecha del signante, dando valor probatorio al documento, mientras que el "signum" era un rasgo que la sustituía en el caso de que no supiera o no pudiera escribir, proceso que debía de perfeccionarse mediante el juramento de un testigo que asegurara su veracidad.


Centrándonos en la rúbrica conviene subrayar que probablemente su etimología provenga del latín rubrum (rojo).  Su uso proviene de la edad media, época en la que se daba fe de autenticidad y oficialidad de un documento mediante las palabras scipsit firmavit reconogvit escritas en rojo en la parte inferior del mismo, tras elaborar el manuscrito y poner nombre y apellido.

Con el tiempo esas palabras dejaron de ser legibles para convertirse en trazos enmarañados, de modo, que el pueblo llano desconocedor de su verdadero significado adoptó está forma como signo de distinción.



En la edad media también se comenzaron a utilizar los sellos, aunque con anterioridad a los mismos se emplearon signos que constaban de una cruz a la que se añadían letras y trazos entrelazados. Fueron impuestos por la totalidad de escribanos o por federatarios.


De manera paulatina la nobleza dejó de firmar sus documentos para sellarlos, debido a que  apenas se sabía escribir.























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